Schoenstatt para la Iglesia

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Semana Santa 2018 – Actos y horarios

Avisos Pastoral Santuario – 11/02/2018

  1. Comienza la Cuaresma. El próximo miércoles 14 de febrero, es Miércoles de Ceniza. Se impondrá ceniza en el Centro de Peregrinos en Pozuelo, en las siguientes Eucaristías:

— A las 8:15 horas organizada por el Colegio Nuestra Señora de Schoenstatt

— A las 16:00 horas, en el Retiro de Madres

— A las 20:00 horas en la misa habitual de diario

  1. Comienza la próxima semana un nuevo taller de Santuario-Hogar y de preparación a la Alianza de Amor.

Más información y datos de inscripción:santuariohogar.pozuelo@gmail.com y talleralianzadeamor.pozuelo@gmail.com respectivamente.

  1. Se aproximan los retiros de cuaresma:

Para madres:

Miércoles 14 febrero  de 10.00 a 16.00 hrs y también Sábado 17 febrero en Pozuelo de 10.00 14.00hrs.

Para mujeres profesionales (solteras)

También en silencio Sábado 24 a domingo 25 de febrero en Cercedilla.

Para matrimonios

de un día también el sábado 10 de marzo de 10.00 a 18.00 hrs.

 Inscripción y consultas para todos los retiros en el panel de la entrada o en el punto de información.

  1. Javierada familiar. Peregrinación para matrimonios con niños al castillo donde nació san Francisco Javier en Navarra del 2 al 4 de Marzo. El lema “Que buscáis?” “Caminar junto al Padre”

Más información y datos de inscripción:  Aquí

Feliz primera Navidad

Para muchos de nosotros esta va a ser la primera Navidad sin un ser querido: sin un hijo, marido, padre, hermano o amigo. Para otros será la primera Navidad que pasen en soledad, fuera de sus hogares, en un hospital o cuidando a un enfermo. La tentación es dejarse llevar por el dolor, el vacío y la ausencia; dejar que la pena, la nostalgia, la soledad o la amargura inunde nuestro corazón ¡Qué gran error! Nadie nos pide que dejemos de sentir ni olvidemos a los que queremos: es bueno, es humano y natural. Pero,  no por ello vamos a  dejar de abrirnos a la vida; precisamente por eso, porque los quisimos y los queremos aunque duela, es importante dar gracias por su vida, por habérnoslos regalado y vivir en plenitud. No es cuestión de voluntarismo o de fuerza. Es más sencillo que todo eso: consiste  en entregar y reconocer nuestra debilidad al Señor y pedirle: Construye Tú con ese material maltrecho, haz que mi dolor se convierta en vida.

El Niño Dios nace en nuestros corazones tal como están, malheridos. Si no le asustó nacer en una cueva, en un pesebre, mucho menos le va a asustar nacer en un corazón que siente y se duele. Lo importante es dejar que su Madre, la Madre del Amor Hermoso, Madre de Misericordia, prepare ese corazón como preparó el inhóspito lugar donde iba a nacer el Hijo de Dios. Porque allí donde está ella, hay hogar, `por muy desangelado, destartalado, frío o solitario que sea el sitio. Donde está ella, hay un corazón cálido de madre que nos abraza y nos guarda dentro. No nos abraza para que estemos confortablemente instalados lamiéndonos las heridas en su regazo. Nos da esperanza, consuelo y paz, para que luego, con la fuerza de sabernos queridos y cobijados, podamos salir de  nosotros mismos para ser sus manos, su sonrisa, su palabra para las personas a las que ella quiere regalarles su amor. Nosotros, precisamente nosotros, porque nos duele el alma, somos las personas idóneas para acompañar, escuchar y comprender a las personas que sufren a nuestro alrededor. ¡Qué gran don hemos recibido! El dolor nos hace capaces de reconocer y querer al que sufre. Esta Navidad, no nos guardemos ningún beso en el bolsillo, ni dejemos ninguna llamada en el teléfono, no dejemos una cama  de hospital, una habitación de un enfermo, sin un nacimiento a sus pies (aunque sean un simple dibujo). No dejemos de cantarle un villancico, aunque no nos conozca. No dejemos de regalarle una sonrisa, o un detalle al que nos quiere mal. Al escéptico que piensa que todo es teatro, al que vive una vida que no es la suya, a esa persona que nos alarga la mano desde la acera de la calle. No dejemos de hablar con esa persona con la que hace tanto tiempo que no hablamos, visitar a la otra que está amargamente sola. Atrevámonos a querer y dejarnos querer, a regalarnos a los demás desde nuestra realidad, sin asustarnos de ella, poniéndola en manos de María, Madre de Dios, la Madre que acoja  a sus hijos necesitados en esta Navidad. Feliz Navidad.

 

Antonio Cabrera

Reflexión sobre el Adviento

ADVIENTO. ALGUIEN LLEGA.

En cada  adviento revivimos, con la fe, y volvemos a hacer presente en la esperanza la primera venida de Cristo en su carne sencilla, prestada por María, hace más  de dos mil años. El adviento es continuo y eterno. El hombre vive en perpetuo adviento. Cristo viene siempre, cada año, cada mes, cada semana, cada día, cada hora y cada minuto. Basta estar atento y no embotado en las mil preocupaciones.

Quien llega: es Jesucristo, nuestro Señor, nuestro Salvador, el Redentor  del mundo, el Señor  de la vida y de la historia, mi Amigo. El Agua viva que sacia mi sed  de felicidad, el Pan de vida que nutre mi alma, el Buen Pastor que  me conoce y me ama y da su vida por mí, la Luz  verdadera que ilumina mi sendero, el Camino hacia la vida eterna, la Verdad del Padre que no engaña, la Vida  auténtica que vivifica.

Cómo llega: Llegó humilde, pobre, sufrido, puro hace más  de dos mil años en Belén. Llegó escondido en eses trozo de pan, en esas gota  de vino en cada Eucaristía, pero que ya no son pan ni vino, sino  el Cuerpo y la Sangre bendita  de Cristo, resucitado y glorioso. Y llega disfrazado en ese prójimo enfermo, en ese pobre necesitado antipático a quien podemos descubrir con  fe limpia y el amor comprensivo. Y  llega  silencioso en ese accidente de la carretera, en esa enfermedad que no entendemos, en esa muerte del ser querido, para recordarnos que Él atravesó también por esas situaciones humanas y les dio sentido hondo y profundo.

Por qué  llega: porque quiere hacernos partícipes de su amor y amistad. Quiere renovar una vez más su alianza con nosotros. El amor es el motor de estas continuas venidas de Cristo a nuestro mundo, a  nuestra casa, a nuestra alma. No hay otra razón.

Para qué  llega: para dar un sentido de  trascendencia a nuestra vida, para decirnos que somos peregrinos en este mundo y que hay que seguir caminando. Llega para enjugar nuestras lágrimas amargas. Llega para agradecernos esos detalles de amor que con Él tenemos a diario. Llega  para hablarnos  del Padre, a quien Él tanto ama. Llega para alimentar nuestras  ansias  de felicidad. Llega para curar nuestras heridas, provocadas por nuestras pasiones aliadas con el enemigo. Llega para pedirnos también una mano y nuestros labios y nuestro corazón, porque quiere que prediquemos su Palabra por todos los rincones el mundo.

Dónde  llega: llega  a nuestro mundo convulso y desorientado y hambriento de paz, de calor, de caridad y de un trozo de pan, a nuestras familias tal vez  divididas o en armonía; a nuestros corazones inquietos. Quiere llegar a todos los parlamentos internacionales y nacionales para dar sentido y moralidad a las leyes que ahí se emanan. Quiere llegar al palacio del rico, como a la choza  del pobre, quiere  llegar junto al lecho de un enfermo en el  hospital, como también a ese salón de fiestas, dónde Él no viene a aguar nuestras alegrías humanas sino a purificarlas y orientarlas. Quiere llegar al mundo  de los niños, para cuidarles su inocencia y pureza. Quiere llegar al mundo  de los jóvenes para sostenerles en sus luchas duras y enseñarles lo que es el verdadero amor. Quiere llegar al mundo  de los adultos para decirles que es posible la  alegría y el entusiasmo en medio del trabajo agotador y exhausto  de cada día. Quiere llegar  a cada familia para llevarles el calor del amor, reflejo del amor trinitario. Quiere llegar al mundo  de los ancianos para sostenerles con el báculo del aliento y la caricia   de la sonrisa. Quiere llegar al mundo de los gobernantes para decirles que su autoridad proviene  de  Dios, que deben buscar el bien común y que deberán dar cuenta de ello.

Adviento, tiempo de gracia y bendiciones. Llega  alguien, sí. Llega  Dios.  Y Dios  es todo. Dios  no nos quita nada. Dios da todo lo que hace  hermosa  a una vida.

Podemos decir que  siempre es adviento. Es más,  nuestra vida debe ser vivida en actitud  de adviento: alguien llega. No vayamos a estar somnolientos y distraídos.

María nos hará vivir, rememorar en la fe  ese  primer adviento que Ella vivió con tanta esperanza, amor y silencio, para poder abrazar a ese Niño Jesús sencillo, envuelto en pañales y recostado en un pesebre.

 

Vigilia Pascual 2017 – Homilía P. Borja

¿Dónde está Jesús?
No volvamos al sepulcro, allí no lo vamos a encontrar.
Salgamos con fe a realizar nuestra misión de anunciar que Cristo ha resucitado.
Así encontraremos a Jesús.

 

 

Viernes Santo 2017 (Homilía P. Borja)

 

 

 

Jueves Santo 2017 (Honilía P. Borja y Hora Santa)

 

 

 

 

 

 

 

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