Schoenstatt para la Iglesia

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Triduo de la Virgen Peregrina – diciembre 2017

Triduo Virgen Peregrina (pdf)

Reflexión sobre el Adviento

ADVIENTO. ALGUIEN LLEGA.

En cada  adviento revivimos, con la fe, y volvemos a hacer presente en la esperanza la primera venida de Cristo en su carne sencilla, prestada por María, hace más  de dos mil años. El adviento es continuo y eterno. El hombre vive en perpetuo adviento. Cristo viene siempre, cada año, cada mes, cada semana, cada día, cada hora y cada minuto. Basta estar atento y no embotado en las mil preocupaciones.

Quien llega: es Jesucristo, nuestro Señor, nuestro Salvador, el Redentor  del mundo, el Señor  de la vida y de la historia, mi Amigo. El Agua viva que sacia mi sed  de felicidad, el Pan de vida que nutre mi alma, el Buen Pastor que  me conoce y me ama y da su vida por mí, la Luz  verdadera que ilumina mi sendero, el Camino hacia la vida eterna, la Verdad del Padre que no engaña, la Vida  auténtica que vivifica.

Cómo llega: Llegó humilde, pobre, sufrido, puro hace más  de dos mil años en Belén. Llegó escondido en eses trozo de pan, en esas gota  de vino en cada Eucaristía, pero que ya no son pan ni vino, sino  el Cuerpo y la Sangre bendita  de Cristo, resucitado y glorioso. Y llega disfrazado en ese prójimo enfermo, en ese pobre necesitado antipático a quien podemos descubrir con  fe limpia y el amor comprensivo. Y  llega  silencioso en ese accidente de la carretera, en esa enfermedad que no entendemos, en esa muerte del ser querido, para recordarnos que Él atravesó también por esas situaciones humanas y les dio sentido hondo y profundo.

Por qué  llega: porque quiere hacernos partícipes de su amor y amistad. Quiere renovar una vez más su alianza con nosotros. El amor es el motor de estas continuas venidas de Cristo a nuestro mundo, a  nuestra casa, a nuestra alma. No hay otra razón.

Para qué  llega: para dar un sentido de  trascendencia a nuestra vida, para decirnos que somos peregrinos en este mundo y que hay que seguir caminando. Llega para enjugar nuestras lágrimas amargas. Llega para agradecernos esos detalles de amor que con Él tenemos a diario. Llega  para hablarnos  del Padre, a quien Él tanto ama. Llega para alimentar nuestras  ansias  de felicidad. Llega para curar nuestras heridas, provocadas por nuestras pasiones aliadas con el enemigo. Llega para pedirnos también una mano y nuestros labios y nuestro corazón, porque quiere que prediquemos su Palabra por todos los rincones el mundo.

Dónde  llega: llega  a nuestro mundo convulso y desorientado y hambriento de paz, de calor, de caridad y de un trozo de pan, a nuestras familias tal vez  divididas o en armonía; a nuestros corazones inquietos. Quiere llegar a todos los parlamentos internacionales y nacionales para dar sentido y moralidad a las leyes que ahí se emanan. Quiere llegar al palacio del rico, como a la choza  del pobre, quiere  llegar junto al lecho de un enfermo en el  hospital, como también a ese salón de fiestas, dónde Él no viene a aguar nuestras alegrías humanas sino a purificarlas y orientarlas. Quiere llegar al mundo  de los niños, para cuidarles su inocencia y pureza. Quiere llegar al mundo  de los jóvenes para sostenerles en sus luchas duras y enseñarles lo que es el verdadero amor. Quiere llegar al mundo  de los adultos para decirles que es posible la  alegría y el entusiasmo en medio del trabajo agotador y exhausto  de cada día. Quiere llegar  a cada familia para llevarles el calor del amor, reflejo del amor trinitario. Quiere llegar al mundo  de los ancianos para sostenerles con el báculo del aliento y la caricia   de la sonrisa. Quiere llegar al mundo de los gobernantes para decirles que su autoridad proviene  de  Dios, que deben buscar el bien común y que deberán dar cuenta de ello.

Adviento, tiempo de gracia y bendiciones. Llega  alguien, sí. Llega  Dios.  Y Dios  es todo. Dios  no nos quita nada. Dios da todo lo que hace  hermosa  a una vida.

Podemos decir que  siempre es adviento. Es más,  nuestra vida debe ser vivida en actitud  de adviento: alguien llega. No vayamos a estar somnolientos y distraídos.

María nos hará vivir, rememorar en la fe  ese  primer adviento que Ella vivió con tanta esperanza, amor y silencio, para poder abrazar a ese Niño Jesús sencillo, envuelto en pañales y recostado en un pesebre.

 

Apertura del Año del P. Kentenich

Hoy, 15 de septiembre de 2017, el Movimiento de Schoenstatt en todo el mundo abre el “Año del P. Kentenich”, preparando así el 50° aniversario de su fallecimiento. El acento no está puesto al interior de la propia Familia de Schoenstatt, sino hacia afuera, comprometiéndose a compartir su carisma y pidiendo la gracia de ser valientes y creativos a la hora de transmitir su mensaje, haciendo suyas las palabras del Santo Padre Francisco (3.9.2015):

Ustedes saben que un carisma no es una pieza de museo, que permanece intacta en una vitrina, para ser contemplada y nada más. La fidelidad, el mantener puro el carisma, no significa de ningún modo encerrarlo en una botella sellada, como si fuera agua destilada, para que no se contamine con el exterior. No, el carisma no se conserva teniéndolo guardado; hay que abrirlo y dejar que salga, para que entre en contacto con la realidad, con las personas, con sus inquietudes y sus problemas. Y así, en ese este encuentro fecundo con la realidad, el carisma crece, se renueva y también la realidad se transforma, se transfigura por la fuerza espiritual que ese carisma lleva consigo.” (3.09.2015)

En Schoenstatt, Alemania, el Año del P. Kentenich se abrió con la Misa que tradicionalmente se celebra en el lugar del fallecimiento del Padre Kentenich, en la Iglesia de la Santísima Trinidad, a las 7 de la mañana, hora de su partida.

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Motivación a la Familia de Schoenstatt en el inicio del año del P. Kentenich

Querida Familia de Schoenstatt de España:

Volvemos ya de las vacaciones, para unos más largas y para otras más cortas. Y tenemos por delante un curso marcado por la persona del P. Kentenich. Desde este 15 de septiembre de 2017 y hasta el 15 de septiembre de 2018 somos invitados a prepararnos como Familia a la celebración de los 50 años de la muerte de nuestro Padre.

Este curso pasado hemos tratado de encendernos en el “Fuego del Padre”. Esto quiere decir en su mensaje para el mundo de hoy y en su espiritualidad. Lo hicimos recordando a aquellas personas que nosotros consideramos como los “santos de Schoenstatt”. Personas que vivieron de manera ejemplar el mensaje que el Espíritu Santo entregó al P. Kentenich. Pero este mensaje de Dios no sólo se puede ver en personas, sino también en las diferentes ramas de nuestra Familia, a las cuales el Padre inspiró una manera concreta de vivir ese carisma. Por eso, unidos es como presentaremos mejor a nuestro Padre al mundo de hoy.

El santo Papa Juan Pablo II nos recordaba nuestra responsabilidad en este sentido:

“Ustedes están llamados a participar de la gracia que su fundador recibió y a ofrecerla a toda la Iglesia. Pues el carisma de los fundadores es una experiencia suscitada por el Espíritu, que es transmitida a sus discípulos, para que estos la vivan, la custodien, la profundicen y la desarrollen constantemente, en la comunión de la Iglesia y para bien de la Iglesia” (20.09.1985)

Del mismo modo el Papa Francisco nos advirtió:
“Ustedes saben que un carisma no es una pieza de museo, que permanece intacta en una vitrina, para ser contemplada y nada más. La fidelidad, el mantener puro el carisma, no significa de ningún modo encerrarlo en una botella sellada, como si fuera agua destilada, para que no se contamine con el exterior. No, el carisma no se conserva teniéndolo guardado; hay que abrirlo y dejar que salga, para que entre en contacto con la realidad, con las personas, con sus inquietudes y sus problemas. Y así, en ese este encuentro fecundo con la realidad, el carisma crece, se renueva y también la realidad se transforma, se transfigura por la fuerza espiritual que ese carisma lleva con- sigo.” (3.09.2015)

Es interesante descubrir como la Presidencia Nacional ha querido llamar a este año como “Año del P. Kentenich” y en alemán “Kentenich Jahr”. No se lo quiso llamar “Año del Padre” o “de nuestro Padre”, pues el acento no está puesto al interior de la propia Familia de Schoenstatt, sino hacia afuera. Así como en el año jubilar de 2014 fuimos invitados a ser un “Schoenstatt en salida”, me pregunto si este año el Espíritu no nos estará invitando a transformar nuestra experiencia y conocimiento del Padre en un “Kentenich en salida”. El mundo tiene hoy muchos problemas y desafíos, y desde Schoenstatt pensamos que el P. Kentenich tiene muchas respuestas para el hombre de hoy. No tengamos miedo a presentarlas. Ojalá que en este año puedan surgir muchas y variadas propuestas de conocimiento de la persona y el mensaje de nuestro padre a partir de las diferentes ramas y grupos de vida. Tenemos una riqueza inmensa, que no es solo para nosotros, sino también para regalarla a los que más lo necesitan. Por eso, en este año os invito a profundizar en el Padre y a pedir la gracia del envío apostólico para poder ser valientes y creativos a la hora de transmitir su mensaje.

¡Qué como instrumentos en las manos de María, Ella nos utilice para abrir nuevos caminos de alianza!

 

Un Año del P. Kentenich – el acento no está puesto al interior de la propia Familia de Schoenstatt, sino hacia afuera

Reflexión – Un nuevo curso

UN NUEVO  CURSO

Como cada mes de septiembre, decimos adiós a las vacaciones y nos preparamos para el comienzo de un nuevo curso. Atrás quedan los baños en la playa y en las piscinas, las fiestas  de los pueblos, los viajes en familia y todas  aquellas cosas  que nos ayudan a relajarnos y olvidarnos  de la rutina.

Recuperamos el ritmo ordinario que nos acompañará  a lo largo del curso. Los niños y jóvenes vuelven al colegio y adquieren poco  apoco el ritmo adecuado que les facilite el aprendizaje a todos los niveles. Y ellos arrastran  a toda la familia que están envueltos en acompañar esta tarea de desarrollo y crecimiento.

Este es un mes de empezar  de nuevo, cargado de nuevas ilusiones y de expectativas ante lo que nos va  a deparar el nuevo curso. El nuevo curso se empieza con ilusión pero también con la inquietud de la novedad, la inseguridad ante los nuevos retos que nos van a llegar, el esfuerzo para afrontar los proyectos, los encuentros, el día a día.

Pero sobre todo es comenzar de nuevo las relaciones  con las personas, los amigos, la familia. Porque en el fondo lo más importante en nuestra vida, aquello que más valoramos son las personas con las que nos relacionamos.

Mirar agradecidos por la labor realizada por quienes han dedicado y dedican tiempo, ilusión y sacrificio a favor de  los hermanos, especialmente de los más necesitados.

Reflexionar para descubrir qué hacer y cómo hacerlo, pues cada uno, según sus circunstancias, puede aportar su grano de arena, todos debemos sentirnos colaboradores. Tenemos que darnos cuenta de que normalmente podemos más de lo que creemos, porque contamos con la  ayuda de los demás y la fuerza que nos da el Espíritu del Señor.

La vida de cada persona es un regalo del cielo. La vida de cada persona merece el máximo respeto. No importa la edad, sólo importa como persona. Cada detalle, cada gesto, cada caricia, cada sonrisa, cada vez que se da la mano, cada vez que se llega a tiempo a la vida de los demás, se dignifica la persona.

En este nuevo curso vamos  a celebrar el “Año del Padre Kentenich”, en el que estamos llamados a poner  a nuestro Fundador en el centro, su pensamiento y su mensaje, su biografía tan rica y fascinante, las propuestas  que dio a los  desafíos de la Iglesia y del mundo y que hoy quiere dar aún a través  de nosotros. Este año nos da la oportunidad de profundizar  el vínculo con nuestro Padre Fundador, para que su carisma reviva nuevamente en nosotros, invitemos a muchas personas a conocer  o a redescubrir al P. José Kentenich como profeta  de nuestro tiempo.

Creemos  que a través  de él, Dios ha querido dar una respuesta a los desafíos de nuestro tiempo. Como familia  de Schoenstatt hemos de asumir esta respuesta en nosotros mismos y  entregársela como un servicio a la Iglesia y al mundo. Hemos de ser prolongadores del carisma de nuestro Padre. Las palabras “Dilexit Ecclesiam” -Amó a la Iglesia- grabadas en su tumba expresan claramente la gran preocupación de su vida: regalarle a la Iglesia un Movimiento de renovación mundial.

Para esta misión contamos con la  ayuda y protección de nuestra Madre y Reina, la Santísima Virgen, a la que nos encomendamos en este nuevo curso.

 

 

Triduo de la Virgen Peregrina -mayo 2017

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Triduo Virgen Peregrina – oct/nov 2016

 

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