Schoenstatt para la Iglesia

Archivo para la Categoría "Pensamientos del día"

Epifanía del Señor

 

El relato evangélico  de los Reyes  Magos comienza con el deseo de buscar a Dios, de ponerse en camino. Aquí radica el misterio que hoy contemplamos. La historia  de la humanidad, la historia  del hombre se resume en buscar a Dios, en adoptar una actitud de ponernos en camino al encuentro definitivo con Dios. Alcanzarlo o no, dependerá de que nos dejemos guiar bien. No todas las luces y las estrellas muestran el buen camino. Necesitaremos la luz, la estrella que guíe e ilumine nuestros pasos y que nos lleve no con pocas dificultades ante el Niño Dios. Necesitaremos el consejo de los demás, la compañía  de otros para no perdernos, ni abandonar el camino, y poder mutuamente ayudarnos.

Los Magos al llegar ante el pesebre adoraron al Niño. Gesto de respeto, de veneración y de entrega. Al encontrarse con Dios le rinden pleitesía ofreciéndole  sus dones. Descubren en aquel niño, al Salvador del mundo y no dudan en regalarle como a un rey. Aquellos  regalos hoy nos pueden plantar ¿qué regalamos  nosotros a Dios?.No siempre somos generosos dando lo mejor. Muchas  veces nos cuesta dar tiempo al Señor en la oración, en la Eucaristía dominical. Tal vez no hemos descubierto a nuestro rey y nos guardamos para nosotros los regalos.

Aquellos tres magos después de adorar al Niño Dios, volvieron a su casa por otro camino. El encuentro con Dios produce  en nosotros un cambio, una actitud nueva, un volver  a la vida por  otro camino. Ya no se va por el camino del odio, del temor, de la duda, del miedo, ahora se vuelve  a casa por caminos nuevos, con ideas nuevas y con nuevas esperanzas. Aquí tenemos el compromiso de este día  de Reyes, imitar a  aquellos Magos, buscando siempre a Dios, descubrirle como nuestro Rey ofreciéndole nuestra vida y volver a ella renovados.

Antonio Cabrera

Reflexión. Fiesta de la Sagrada Familia

“QUE CADA FAMILIA SEA  ACOGEDORA MORADA DE DIOS”

Con el telón de fondo de la familia  de Nazaret, en medio  de la Navidad, en la  festividad de la Sagrada Familia, se nos ofrece la oportunidad para descubrir los valores  de la familia, tantas veces maltratada, y que sigue siendo lo más valioso que tenemos ya que es quien nos acoge al llegar al mundo.

Demos gracias por la familia y nuestras familias. Tenemos que recuperar los valores de la familia y agradecer a Dios el don de nuestras familias. Aunque sometidas a cambios, la familia  sigue siendo el lugar de acogida y compresión, espacio  de integración y respeto, lugar de cariño y diálogo. Más que nunca  hoy, santuario  de la vida que nos  permite madurar y crecer como personas. En el ámbito familia  se nos regala la vida, se nos permite crecer, se nos transmiten los valores fundamentales que nunca olvidamos como la confianza, la  apertura, el perdón. Orgullosos debemos sentirnos de formar parte de nuestras familias porque en muchos hogares aún se habla  de Dios. Los niños  aprenden a ser  creyentes junto a  sus padres. En casa se inicia a los hijos en la fe. La fe y el sentido religioso de la vida  se transmite  de padres  a hijos en el hogar. Por todo ello, reconocemos, valoramos y agradecemos lo que nos une  a nuestros seres queridos.

Jesús nació y creció en el seno de una familia. Experimentaron dificultades, estrecheces, sufrimientos y penas. Soportaron  todo tipo de dificultades y problemas, desde el momento del nacimiento del Niño Jesús. No pudieron vivir tranquilos. Fueron muchas las amenazas y los peligros que tuvieron que superar. También nuestras familias afrontan dificultades que sirven para fortalecer los lazos  de unión y amor. También hoy la familia  se siente amenazada por miles de peligros que  sobre ella se ciernen, pero que se podrán superar y que fortalecerán su sentido de lugar y espacio de vida. Debemos apostar por la familia, no podemos caer en el desaliento frente a los problemas que sobrevengan. El hombre siempre necesitará un hogar donde pueda  crecer como persona. El mismo Hijo de Dios nació y creció en el seno  de una familia

No podemos conformarnos con la solo la visión de la familia individual. Formamos parte  de otra gran familia más amplia, la familia de la Iglesia, agradezcamos formar parte de la Iglesia haciendo familia y creciendo en ella como hijos  de Dios.

Que cada familia sea  acogedora morada de Dios.

Antonio Cabrera

Triduo de la Virgen Peregrina – diciembre 2019

Galería

Misión Cuba – Carta de agradecimiento del P. Bladimir

Jornada mundial por los pobres

El domingo 17 de noviembre, el Papa Francisco nos invita a celebrar la III Jornada Mundial por los Pobres. En este día y siempre, somos invitados a trabajar para que la esperanza vuelva a tantos hermanos que la  han perdido a causa  de la injusticia, el sufrimiento o la precariedad de vida.

Vivimos en la sociedad de la imagen, que como en tiempos de Jesús pondera lo externo, promueve lo agradable a los ojos y camufla, tapa o intenta disimular tantas realidades de sufrimiento, esclavitud y pobreza en todas  sus formas.: familia obligadas a abandonar su tierra, huérfanos explotados, jóvenes  sin futuro, víctimas  de la violencia, millones  de inmigrantes, desigualdad…Pero aunque este mundo lo olvide y se quiera silenciar, Dios no se olvida.

Todo lo contrario, como dice el Papa en su mensaje para esta jornada, él escucha, interviene, protege, redime, defiende, salva….y todo esto lo hace por medio de su pueblo, de su Iglesia. Muchos  son los pobres que necesitan hasta lo más necesario para vivir, pero más  son  los que necesitan a Dios. Y su Iglesia, nosotros, estamos llamados a dárselo con nuestras palabras y nuestros gestos sencillos, para que así recobren la esperanza perdida.

A la vez que rezamos por todos ellos, para que vivan con dignidad que merecen por ser hijos  de Dios, pidamos al Señor por nosotros, para que nos ayude a ser testigos de esperanza que trabajan por una sociedad más  justa.

Antonio Cabrera

OCTUBRE  MES MISIONERO EXTRAORDINARIO

El Papa Francisco ha convocado un Mes  Misionero  Extraordinario que  se celebra este mes de octubre. Con él, el Papa quiere despertar la conciencia   de  la  misión  llamada  “ad gentes” y retomar con nuevo impulso la responsabilidad de proclamar el Evangelio de todos los bautizados.

Hoy en día, aquello que llamábamos “misiones” está más cerca   que  nunca. Aquellas  gentes (los negritos y los  chinitos les  llamábamos) se nos han hecho cercanos y conviven con nosotros: africanos del norte, subsaharianos, chinos, latinoamericanos…..

¡Una  oleada  de migrantes llega hasta nosotros! Nuestro “paternalismo”  de entonces  ha terminado y hoy, gracias   a la globalización de los medios y su propia  cercanía física, vemos su realidad de otra  manera: son víctimas del hambre, de la guerra, la persecución política o social  y debemos  afrontar sus problemas desde la óptica política  de la acogida, de la misericordia y el cambio  de estructuras: “acoger, proteger, promover  e integrar” son las  cuatro palabras  clave de la propuesta del Papa.

¿Qué  significa para  nosotros  ser “misionero”. Los  misioneros ya no son solo los que marcharon a lejanas tierras a predicar el evangelio. Como dice  el Papa, hoy somos  misioneros todos los bautizados por el mismo hecho  de nuestro bautismo. Anunciar el evangelio nace  de la misma conciencia de lo que significa nuestro bautismo y, sobre todo,  del encuentro personal con Jesucristo, más allá de un cristianismo meramente sociológico como vivieron nuestros  abuelos y nuestros  padres e incluso muchos de nosotros.

 

En una familia que se llame  cristiana, es esencial educar  a los hijos y los nietos,  y educarnos  a nosotros mismos, para descubrir  esta llamada y esta responsabilidad. No podemos dejar el bautismo para vivirlo como un hecho  del pasado. Los padres y abuelos debemos ayudar a los niños a comprender y vivir  su bautismo como un hecho esencial de su vida, que debería  ser confirmado  a la edad en la que el niño deja   de serlo.

Es esencial acompañar la  fe  de los niños en casa, ayudándoles a crecer como creyentes, despertando y contagiando la fe ya recibida. Es la obligación de  quienes, en su día, pidieron el bautismo en su nombre, so pena  de ser inconscientes, incoherentes y en cierto modo mentirosos con lo que entonces  se hizo.

Esto sería hoy en día, el mejor  modo de llevar a cabo este deseo del Papa Francisco de impulsar nuevamente el aliento misionero en nuestra Iglesia, consagrando así este mes de octubre como “mes misionero “ por  excelencia.

Antonio Cabrera

EL  SAGRARIO  HOY   ES EL  NAZARET DE JESÚS.

Nazaret era el lugar donde vivía  Jesús. Allí vivió casi 30 años. Siguieron tres años  de vida apostólica predicando, curando, enseñando, hablando del Reino de los Cielos y del Padre bueno que lo había enviado pues tanto nos ama. Y una vez  que el Espíritu Santo congrega  a la Iglesia, inyectándola una fuerza inusitada y una gran sabiduría, la Iglesia naciente va reconociendo el don de la Eucaristía, partiendo el pan a los creyentes y más tarde preparando a Jesús  otro Nazaret que perdura hasta hoy y hasta siempre: EL SAGRARIO.

Jesús hoy al igual que les dijo  a algunos  de los discípulos nos diría: venid y lo veréis. Nos llevaría a la Iglesia más  cercana y nos enseñaría el Sagrario diciéndonos: Esta es mi casa. Aquí vivo desde hace más de dos mil años esperándote.

Hoy no podemos  ir  a buscar a Jesús  a Nazaret, es en el Sagrario donde está Jesús realmente presente. Aquí y ahora, Jesús está con nosotros, delante  de nosotros, mirándonos y amándonos con su corazón, abierto en señal de  acogida, de entrega y  perdón.

Sí, en este nuevo y perenne Nazaret desde  donde Jesús  Eucaristía nos invita  a ir  a verle  y  a pasar con Él ratos agradabilísimos como el que pasaron, los discípulos  escuchando al Maestro: “Venid y lo veréis”. Esta  es la invitación que  Jesús Eucaristía nos sigue haciendo con más fuerza y vehemencia  que nunca, diciéndonos:

El calor  de mi amor, la comprensión de mi amistad, la solidez  de nuestra unión.

Mi sonrisa  acogedora con la que  os recibo, mi paciencia inalterable, mi silencio sereno con el que os  escucho siempre.

Mi agradecimiento por todo el bien que hacéis a los hermanos.

Mi sed insaciable de hacer el bien, de perdonar, de salvar, de hacer felices a los hombres y mujeres  de hoy.

 

Antonio Cabrera

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