Schoenstatt para la Iglesia

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Verano, tiempo de vacaciones

Las vacaciones son tiempo de descanso, descansar no quiere decir “flojear”, sino cambiar de ritmo de vida para dedicarse a fondo en otros aspectos necesarios en lo personal, familiar o social.

Las vacaciones no significan descansar de los principios y los valores que sensibilizan, sostienen y dirigen las opciones fundamentales de la vida, y que se resumen en vivir según la verdad, el bien y la belleza, no sólo para cultivar la relación humana sino también la relación con Dios. Es sano saber disfrutar de la vida, el bien y la belleza presentes en cada persona y acontecimiento, saber apreciar lo mucho que recibimos de los demás y, sobre todo de Dios a través de los demás.

El verano es una buena ocasión para vivir el gozo de la amistad, con Jesús y con los otros, a buscar la verdad y la caridad, a dejar que entre “aire fresco” en nuestras vidas. También puede ser un buen tiempo para rehacer nuestro espíritu y capacitarnos para “tender puentes”, buscar y realizar gestos de comunión. Esta comunión será a veces buscar la unión en la familia, con los amigos, conocidos ……Los cristianos somos gente que buscamos el bien común. Y así estamos dispuestos a  hacer algo por el otro. La Iglesia  ha de ser la escuela en la que aprendamos a hacer algo por los débiles, en su cuerpo o en su espíritu

El verano también es un tiempo para agradecer, miramos hacia atrás y demos gracias. Entregar a Dios, en primer lugar, las cosas difíciles, las cruces, los momentos de oscuridad, los fracasos, los desencuentros….También agradecer a Dios porque nos sostiene en esos momentos, nos ayuda a caminar, nos levanta cuando caemos y estamos fatigados.

En las vacaciones, vivamos la naturaleza, descubramos la presencia de Dios, le damos gracias por haberla hecho tan hermosa. Acudamos a la Eucaristía, Dios no se va de vacaciones. Vivamos la familia,  el diálogo, recemos en familia. En este tiempo vive la vida. La vida es el gran don de Dios. No hagas peligrar tu vida y evita riesgos a la vida de los demás. Vive la amistad. Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respeto a la dignidad sagrada de las demás personas.

Vive la justicia. No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales y respeta sus bienes. Vive la verdad, la limpieza de corazón. Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale  a permisividad.

Vive la solidaridad. No lo quieras todo para ti. Piensa  en  quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco toma vacaciones. Tenemos que ser “custodias de carne y hueso”. Es decir que estemos donde estemos, las personas que nos observen descubran que Dios vive en nuestras obras y en nuestras palabras.

Las vacaciones  no son un tiempo para no hacer nada. Es un tiempo que Dios nos da para hacer cosas distintas a las del todo el año. Para cuidar otros aspectos de nuestra vida. Para leer, pasear, para visitar, para estar con las personas a las que queremos. Las vacaciones son un tiempo privilegiado para crecer, para aprender cosas nuevas, para avanzar en el camino espiritual. Abramos el corazón a la Sabiduría de Jesús leyendo cada día un poco del Evangelio e intentando modelar con su enseñanza nuestra vida. La vida es distinta cuando aprendemos a vivirla con el Señor.

Que disfrutemos  de unas merecidas vacaciones. Que nuestra Madre, la Virgen María, nos cuide, guíe y proteja.

 

Antonio Cabrera

Corpus en Pozuelo

CORPUS EN POZUELO.

Es hora Pozuelo.

ya despunta la mañana,

ya  asoma el sol su grandeza

y en lo insomne un gallo canta.

Levántate pueblo entero,

que el Corpus da su llamada

y es víspera de lo hermoso,

anticipo de la gracia.

Arriba, criaturas fieles,

pueblo noble y de palabra,

que viene Dios en persona,

no su imagen, ni hecho estatua,

sino Cristo Real, pleno:

divinidad, cuerpo y alma.

Venga, amigos, a la lucha,

a vestir de fiesta el alba,

a coronar la diadema

de esta corona engarzada.

Venga, hombres, a esparcir

juncia, romero, retamas,

verdes de aroma y brillos,

alfombras damasquinadas,

aureolas, toldos, doseles,

cortinajes, estandartes, simbolismos….

Venga, mujeres, sin falta,

sacad macetas, adornos,

mantones, telas bordadas,

banderas y colgaduras,

jarrones, vasijas, ánforas….

Levantad altares nuevos,

vestid balcones de gala,

Lanzad pétalos de rosas.

Venga jóvenes, ayudad,

mirad que aquí es necesaria

toda mano generosa

para adornar las calle con flores.

Venga, vecinos altruistas,

a convivir sin desganas.

Toma este trozo de pan,

dame ese trago que calma,

prueba este dulce que he hecho

dame ese abrazo que abraza.

Venga, vecinos honestos,

a compartir la alabanza

de ser unidad que une

sin clases, ideas, ni razas,

todos a una llevando

la tradición heredada

a la cumbre de los tiempos,

a la atalaya más alta

por respeto merecido

a nuestros padres del alma,

para que después, los hijos,

aprendiendo de  esta causa,

la sigan llevando en siglos,

hasta que Dios diga basta.

Venga, vecinos de amores,

a enamorar la jornada,

a preparar el camino,

a adornar calles y plazas,

para que pase en su custodia

quien es Amor y se hace nada.

Venga,  pueblo bendecido,

y limpia tus suelos,

barre el odio y el rencor,

arroja fuera la venganza

adorna de fiesta el llanto,

arranca las telarañas

de los sombríos rincones,

de la pared desconchada,

y planta espigas de oro

donde crecía cizaña.

Así pasará el Señor,

Corpus de entrega entregada,

y ya no se irá de ti

porque en ti encontró su casa

Venga, vayamos todos

a adorar la llama blanca.

Venga, bienaventurados

de la bienaventuranza

Venga Pueblo, pueblo entero,

Pozuelo que canta,

Pozuelo que siente,

Pozuelo que abrasa,

Pozuelo que suena

a toque de mil campanas.

Pozuelo que sueña,

Pozuelo que saca

Por la Asunción de su iglesia

al Amor de los Amores.

Venga tú, Pozuelo,

embellece tu mirada,

decora tus exteriores,

adorna tu piel de plata,

derrama nubes de incienso

y adornaos también vosotros

por el espacio del alma

vecinos de Pozuelo

porque sólo así el Señor,

que llega, transita y pasa,

sabrá que este pueblo justo

no lo quiere de palabra

sino con el corazón,

que es como de verdad se ama.

 

Antonio Cabrera

Charlas del Campamento de la Liga de Familias – junio 2019

 

Charla del P. Borja sobre la humildad

 

 

Charla del P.Carlos sobre el servicio en el matrimonio

 

 

Charla de la Hermana Rocío sobre la fortaleza

Triduo Virgen Peregrina – Verano 2019

Triduo verano 2019 en pdf

 

Virgen Peregrina – Triduo mayo 2019

VP_Mayo en formato pdf

 

Envejecer bien

En nuestras  sociedades occidentales aumenta el número de personas ancianas debido al nivel  de vida y al progreso constante de la medicina.

Envejecemos por razones biológicas, pero también por  razones culturales: con frecuencia, la vejez implica una clara reducción de la actividad y, consecuentemente, de la productividad.

Nuestra sociedad heredera  de la era industrial y de un crecimiento ininterrumpido desde hace generaciones concede poca importancia  a los ancianos.

Nuestras  sociedades envejecen y ven que el número de personas mayores aumenta mientras que el de jóvenes  disminuye. El mito de la juventud como una etapa deseable, envidiable y rica en esperanza gana  cada vez más amplitud.

No admitimos que el tiempo pasa, tenemos miedo de los  signos  de envejecimiento del cuerpo. Las modas y  la opinión contemporáneas exaltan el culto a los valores juveniles, mientras que la vejez se convierte rápidamente en sinónimo de  debilidad y declive.

Yo creo que hay que liberarse del miedo a la vejez para  aprender a  envejecer bien.

No se trata de negar las sombras y fragilidades de la vejez, pero tampoco se  trata de que la alienemos: envejecer forma  parte del camino  de la existencia y es una etapa de la vida que tiene  sus propias  ventajas.

Se  supone que los años deberían traer paz para el alma. Esa paz que nos da el hecho de saberse que hemos hecho lo que Dios quería a lo largo  de nuestra vida. Se trata de poseer una alegría serena  fraguada en luchas, sacrificios y renuncias. Una serenidad conquistada en la certeza de saber que es Dios quien construye  nuestra vida. Madurez de vida, tranquilidad del alma, paz del corazón. Eso sí, con las inseguridades y dudas, porque no desaparecen con el paso  de los años. Aunque sabemos que el reposo verdadero sólo lo logramos cuando descansamos en Dios, cuando nos fiamos  de sus planes, cuando nos abandonamos en sus deseos.

La serenidad de los que ya no tiene  nada que demostrarle a nadie, tampoco así mismos, porque han vencido y han sido derrotados, han caído y han alcanzado la cimas, han amado y han experimentado el desprecio. Es la madurez  de la vida, es esa felicidad que todos quisiéramos tener, una felicidad ganada  con el paso  de los años, sin prisas.

Con la calma que da saber que lo hemos dado todo y que los resultados poco importan, porque la vida pasa y el amor es eterno y estamos hechos para la vida verdadera. Esa vida  con Dios en la que Él ha inscrito nuestros nombres en el cielo

Conviene aprender a  vivir según cada etapa de la vida, ya que cada una solamente se vive una vez. En cada nueva etapa debemos aprenderlo.

Una vida generosa, la clave para envejecer bien. Una vida buena que persiga el bien común diariamente. Una vida bella que implique contemplación, oración, fascinación, gratitud.

Tener una actitud de búsqueda del bien común día  a día, con una conciencia despierta ante  la importancia de nuestras elecciones y de la calidad de  vida que intentamos establecer con quienes nos rodean.

No podemos conseguir una vida plena sin los demás. ¡Ahí creo yo que está la clave!

Una vida buena está, en definitiva, marcada por el amor que damos y que recibimos.

No hay que esperar a la jubilación. Ya, desde  ahora mismo, sin  importar nuestra edad, no perdamos nunca de vista el sentido del prójimo.

Trabajemos junto a las generaciones jóvenes con todo nuestro corazón. Y aunque la fuerza física nos falle, vivamos con intensidad todas  nuestras acciones, hagámoslas con amor: desde una llamada a los nietos hasta el compromiso en un voluntariado.

No hay nada como una mirada repleta de amor para protegernos de la tristeza y el hastío.

Creo que hay que transmitir un solo deseo a los jóvenes que tienen toda la vida por  delante y toda la vida para construir una vida generosa:

“Que un día alguien pueda decir de ti que has  amado mucho, que tu vida fue una historia de amor y que, por tanto, fue una vida que mereció la pena vivir”

Antonio Cabrera

Triduo Virgen Peregrina marzo-abril 2019

 

VP_MarAbr en formato pdf

 

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