Schoenstatt para la Iglesia

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Cuando nos volvamos a encontrar…

Os hemos preparado este vídeo, como un álbum familiar, que quiere prepararnos con alegría para nuestro reencuentro y así fortalecernos para seguir plasmando una cultura de Alianza al mundo nuevo que debe nacer… ¡Que lo disfrutéis!

Vuestras Hermanas de María

 

Que el coronavirus no te quite la sonrisa

Me han quitado los  abrazos y los besos, la caricias de mis nietos.  Los encuentros y las  risas. Me han hecho evitar el contacto físico, el roce, la ternura, el cariño.

Me han quitado las reuniones, las confesiones y las  misas. Esos paseos que tanto me gustan, también el cine. El café  en el bar, las compras, el deporte. Me han quitado muchas cosas, me  he detenido.

Me lo han quitado todo  de un plumazo. Y me han llevado a cuidarme para cuidar  a otros. Y yo sonrío. Porque si algo no pueden quitarme es la alegría ni tampoco la esperanza. No pueden lograr que viva  sin sentido.

No puede este virus detener la primavera, apagar la voz de mil cantos, evitar mis aplausos para esos que dan su vida por salvar mil vidas. No puede esta pandemia cerrar mis ojos, oscurecer mi ánimo. Lucharé, resistiré, venceré. No solo yo, sino todos.

No caerá sobre mí nunca el desánimo ni la pena. No dejaré  de gritar que hay vida más  allá de los hospitales. Que hay sueños  resistentes a las derrotas.

No me quitarán la  sonrisa de mis labios. Y sentiré  que la vida ha crecido con fuerza en mi interior. La soledad me habrá dado hondura. Las privaciones, libertad interior ante la vida.

El dolor físico y espiritual me han unido más  a la cruz  de  Cristo. Me sentiré más  libre, más pleno. Esa distancia infinita entre cada uno se acortará de nuevo. No me sentiré extraño en las  distancias cortas.

Pero quizás habré  aprendido algo nuevo. Me habré acostumbrado a  estar conmigo mismo. Sin distracciones, sin miedos ni agobios. La soledad no es mala compañera, aunque  sea impuesta.

El mundo  se detiene. Y no logran quitarme la sonrisa. Algunos querrán sacar ventaja  de esto. Otros pensarán que alguien tiene la culpa. Aparecerán los que no esbocen sonrisas. Y los que  quieran aumentar el odio y la rabia.

Y hay otros, hombres  de bien, con bondad en el alma, que viven salvando vidas, entregando la propia. Dando su tiempo, invirtiendo sus horas. Por salvar más  vidas por encima  de la muerte.

Y muchos  rezarán en lo escondido. Y habrá solidaridad donde antes había  egoísmo. Y se hacen servicios gratis   que antes se cobraban.

Y siento que  soy más  viejo, o quizás más joven. Pero más  sabio al fin si he sabido confrontar mis horas y mis miedos. Si he vivido con conciencia nueva. Si me he dejado modelar por el Dios de mi camino.

Oculto entre mis cuatro paredes. Recluido en un aparente mal sueño que esta vida misma  Dios me ha  dado. Esta vida y no, otra.

Y ese Dios al que increpo, o suplico pidiéndole aire, esperanza, luz. Ese mismo Dios es el que dibuja con gesto pícaro una sonrisa en mi rostro.

Para que  dé  esperanza  a otros y siembre luz en estas noches tan oscuras. El bien siempre vence al mal y la generosidad es más fuerte que cualquier  egoísmo.

Antonio Cabrera

Domingo de Ramos 2020

 

Visita espiritual al Santuario de Schoenstatt en Pozuelo con las Hermanas de María

 

Misa de Domingo de Ramos

 

Horarios de Semana Santa en los Santuarios (pincha en el enlace para acceder)

 

Volveremos a brindar

 

Esperanza siempre

La situación mundial causada por el coronavirus ha puesto en jaque  buena parte  del Planeta. La vida  permite  renacer con esperanza después de tocar fondo, y vivir el presente con madurez para construir el futuro.

La nube  diaria  de titulares negativos no deja  ver muchos  signos y evidencias que  destilan esperanza por  los cuatro costados: miles  de voluntarios afanados  en aportar esperanza a los afectados por el coronavirus. Millones  de pruebas de amistad, de compañerismo, de solidaridad….tanta gente que  nos  rodea tratando de hace  el día  a día del confinamiento humanizado y alegre. El personal sanitario solo nos  acordamos  de ellos cuando el dolor, como ahora, aprieta, igual con el ejército, policía, personal  de limpieza, tantas personas que  nos  atienden en nuestras necesidades…… la esperanza también viaja  con ellos.

Los  que  quieren destruir son más  ruidosos, pero son menos. Para un cristiano, vivir la esperanza es mucho más que un estado  de optimismo: es interpretar el futuro posible  y deseable con los ojos  de una vivencia anticipada que da sentido al momento presente mientras ponemos las bases para crear lo que todavía es una meta.

La esperanza  nunca defrauda. La esperanza  verdadera construye, no  espera; se vive más que se anhela.  Es una disposición interior, es la que hace  posible su gran objetivo: dar un sentido al presente construyendo sobre la realidad actual. El Evangelio nos  dice, no estéis tristes porque el plan de Dios insufla  toneladas  de esperanza para despertar el corazón hasta convertirlo en signos y hechos de esperanza  para otros.

Las tecnologías de comunicación de este tiempo de  reclusión no deben absorber y robar todo el tiempo. Dediquemos espacios para repasar nuestra vida, para pensar con esperanza hacia dónde y cómo queremos orientar el resto  de nuestras vidas en este mundo, a la espera del encuentro definitivo con Dios. Ahora tenemos tiempo para todo, incluso para nuestra oración y para acordarnos del sufrimiento en torno a  este dichoso virus, con graves y angustiosas  consecuencias, con tantos  enfermos y fallecidos y, también como no, con gravísimas  consecuencias  económicas para muchas  personas.

A pesar de la limitación, el mal y la muerte, algo hay en nuestro interior que nos impulsa a  esperar contra toda esperanza frente  a las ganas de abandonarnos y dejar la lucha. Es un consuelo saber  que cualquier cambio gigantesco, empieza  siempre por algo inapreciable al ojo humano. Lo importante  de verdad es  recordar que Dios  acude  a nuestra llamada, cumple  sus promesas y nos renueva la fe. Siempre. ¡Él es nuestra esperanza!

Antonio Cabrera

Oración por el fin de la pandemia

Consagración de la Iglesia en Portugal y España al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María

CONSAGRACIÓN DE LA IGLESIA EN PORTUGAL Y ESPAÑA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Y AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

SANTUARIO DE FÁTIMA, BASÍLICA DE NTRA. SRA. DEL ROSARIO 25 DE MARZO DE 2020

Oración de Consagración

Vídeo

Agenda 25 de marzo de 2020 -Solemnidad de la Anunciación del Señor

12:00 h.  Francisco: ante la pandemia del virus, unamos nuestras voces al cielo

Al finalizar la oración mariana, el Papa Francisco invitó, en este tiempo de prueba por el coronavirus, a recitar juntos el Padre Nuestro el próximo miércoles 25 de marzo al mediodía

Podrás seguirlo a través de COPE y 13TV

 

19:30 h.   Rezo del rosario y consagración al Inmaculado Corazón de María

La Conferencia Episcopal Española se ha unido a la convocatoria de la Conferencia Episcopal de Portugal para el rezo del Rosario que tendrá lugar el próximo miércoles día 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor, en Fátima a las 19.30 h. por las víctimas del coronavirus, sus familiares, personal sanitario, etc. El acto estará presidido por el obispo de Fátima, Card. António dos Santos Marto, vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Portugal.

Al finalizar el rezo del santo Rosario, el Cardenal obispo de Fátima hará la consagración de toda la península Ibérica, España y Portugal, y sus respectivas islas al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, a la que se tiene una devoción arraigada en tantas diócesis.

Podrás seguirlo a través de COPE y 13TV

 

A continuación.  Misa diaria desde el Santuario de Serrano

 

Visita espiritual al Santuario de Schoenstatt en Pozuelo con las Hermanas de María

 

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