Schoenstatt para la Iglesia

Archivo para 03/05/2020

Que el coronavirus no te quite la sonrisa

Me han quitado los  abrazos y los besos, la caricias de mis nietos.  Los encuentros y las  risas. Me han hecho evitar el contacto físico, el roce, la ternura, el cariño.

Me han quitado las reuniones, las confesiones y las  misas. Esos paseos que tanto me gustan, también el cine. El café  en el bar, las compras, el deporte. Me han quitado muchas cosas, me  he detenido.

Me lo han quitado todo  de un plumazo. Y me han llevado a cuidarme para cuidar  a otros. Y yo sonrío. Porque si algo no pueden quitarme es la alegría ni tampoco la esperanza. No pueden lograr que viva  sin sentido.

No puede este virus detener la primavera, apagar la voz de mil cantos, evitar mis aplausos para esos que dan su vida por salvar mil vidas. No puede esta pandemia cerrar mis ojos, oscurecer mi ánimo. Lucharé, resistiré, venceré. No solo yo, sino todos.

No caerá sobre mí nunca el desánimo ni la pena. No dejaré  de gritar que hay vida más  allá de los hospitales. Que hay sueños  resistentes a las derrotas.

No me quitarán la  sonrisa de mis labios. Y sentiré  que la vida ha crecido con fuerza en mi interior. La soledad me habrá dado hondura. Las privaciones, libertad interior ante la vida.

El dolor físico y espiritual me han unido más  a la cruz  de  Cristo. Me sentiré más  libre, más pleno. Esa distancia infinita entre cada uno se acortará de nuevo. No me sentiré extraño en las  distancias cortas.

Pero quizás habré  aprendido algo nuevo. Me habré acostumbrado a  estar conmigo mismo. Sin distracciones, sin miedos ni agobios. La soledad no es mala compañera, aunque  sea impuesta.

El mundo  se detiene. Y no logran quitarme la sonrisa. Algunos querrán sacar ventaja  de esto. Otros pensarán que alguien tiene la culpa. Aparecerán los que no esbocen sonrisas. Y los que  quieran aumentar el odio y la rabia.

Y hay otros, hombres  de bien, con bondad en el alma, que viven salvando vidas, entregando la propia. Dando su tiempo, invirtiendo sus horas. Por salvar más  vidas por encima  de la muerte.

Y muchos  rezarán en lo escondido. Y habrá solidaridad donde antes había  egoísmo. Y se hacen servicios gratis   que antes se cobraban.

Y siento que  soy más  viejo, o quizás más joven. Pero más  sabio al fin si he sabido confrontar mis horas y mis miedos. Si he vivido con conciencia nueva. Si me he dejado modelar por el Dios de mi camino.

Oculto entre mis cuatro paredes. Recluido en un aparente mal sueño que esta vida misma  Dios me ha  dado. Esta vida y no, otra.

Y ese Dios al que increpo, o suplico pidiéndole aire, esperanza, luz. Ese mismo Dios es el que dibuja con gesto pícaro una sonrisa en mi rostro.

Para que  dé  esperanza  a otros y siembre luz en estas noches tan oscuras. El bien siempre vence al mal y la generosidad es más fuerte que cualquier  egoísmo.

Antonio Cabrera

Cuarto domingo de Pascua – 3 de mayo de 2020

Misión de Mayo 2020

 

Visita espiritual al Santuario de Schoenstatt de Pozuelo con las Hermanas de María

Misa del Cuarto domingo de Pascua desde el Santuario de Serrano

Los madrugadores hemos recibido una carta ¡del Papa Francisco!

Los ‘Hijos de la Reina’ en salida

 

 

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