Schoenstatt para la Iglesia

El Papa Francisco ha convocado un Mes  Misionero  Extraordinario que  se celebra este mes de octubre. Con él, el Papa quiere despertar la conciencia   de  la  misión  llamada  “ad gentes” y retomar con nuevo impulso la responsabilidad de proclamar el Evangelio de todos los bautizados.

Hoy en día, aquello que llamábamos “misiones” está más cerca   que  nunca. Aquellas  gentes (los negritos y los  chinitos les  llamábamos) se nos han hecho cercanos y conviven con nosotros: africanos del norte, subsaharianos, chinos, latinoamericanos…..

¡Una  oleada  de migrantes llega hasta nosotros! Nuestro “paternalismo”  de entonces  ha terminado y hoy, gracias   a la globalización de los medios y su propia  cercanía física, vemos su realidad de otra  manera: son víctimas del hambre, de la guerra, la persecución política o social  y debemos  afrontar sus problemas desde la óptica política  de la acogida, de la misericordia y el cambio  de estructuras: “acoger, proteger, promover  e integrar” son las  cuatro palabras  clave de la propuesta del Papa.

¿Qué  significa para  nosotros  ser “misionero”. Los  misioneros ya no son solo los que marcharon a lejanas tierras a predicar el evangelio. Como dice  el Papa, hoy somos  misioneros todos los bautizados por el mismo hecho  de nuestro bautismo. Anunciar el evangelio nace  de la misma conciencia de lo que significa nuestro bautismo y, sobre todo,  del encuentro personal con Jesucristo, más allá de un cristianismo meramente sociológico como vivieron nuestros  abuelos y nuestros  padres e incluso muchos de nosotros.

 

En una familia que se llame  cristiana, es esencial educar  a los hijos y los nietos,  y educarnos  a nosotros mismos, para descubrir  esta llamada y esta responsabilidad. No podemos dejar el bautismo para vivirlo como un hecho  del pasado. Los padres y abuelos debemos ayudar a los niños a comprender y vivir  su bautismo como un hecho esencial de su vida, que debería  ser confirmado  a la edad en la que el niño deja   de serlo.

Es esencial acompañar la  fe  de los niños en casa, ayudándoles a crecer como creyentes, despertando y contagiando la fe ya recibida. Es la obligación de  quienes, en su día, pidieron el bautismo en su nombre, so pena  de ser inconscientes, incoherentes y en cierto modo mentirosos con lo que entonces  se hizo.

Esto sería hoy en día, el mejor  modo de llevar a cabo este deseo del Papa Francisco de impulsar nuevamente el aliento misionero en nuestra Iglesia, consagrando así este mes de octubre como “mes misionero “ por  excelencia.

Antonio Cabrera

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