Schoenstatt para la Iglesia

Nazaret era el lugar donde vivía  Jesús. Allí vivió casi 30 años. Siguieron tres años  de vida apostólica predicando, curando, enseñando, hablando del Reino de los Cielos y del Padre bueno que lo había enviado pues tanto nos ama. Y una vez  que el Espíritu Santo congrega  a la Iglesia, inyectándola una fuerza inusitada y una gran sabiduría, la Iglesia naciente va reconociendo el don de la Eucaristía, partiendo el pan a los creyentes y más tarde preparando a Jesús  otro Nazaret que perdura hasta hoy y hasta siempre: EL SAGRARIO.

Jesús hoy al igual que les dijo  a algunos  de los discípulos nos diría: venid y lo veréis. Nos llevaría a la Iglesia más  cercana y nos enseñaría el Sagrario diciéndonos: Esta es mi casa. Aquí vivo desde hace más de dos mil años esperándote.

Hoy no podemos  ir  a buscar a Jesús  a Nazaret, es en el Sagrario donde está Jesús realmente presente. Aquí y ahora, Jesús está con nosotros, delante  de nosotros, mirándonos y amándonos con su corazón, abierto en señal de  acogida, de entrega y  perdón.

Sí, en este nuevo y perenne Nazaret desde  donde Jesús  Eucaristía nos invita  a ir  a verle  y  a pasar con Él ratos agradabilísimos como el que pasaron, los discípulos  escuchando al Maestro: “Venid y lo veréis”. Esta  es la invitación que  Jesús Eucaristía nos sigue haciendo con más fuerza y vehemencia  que nunca, diciéndonos:

El calor  de mi amor, la comprensión de mi amistad, la solidez  de nuestra unión.

Mi sonrisa  acogedora con la que  os recibo, mi paciencia inalterable, mi silencio sereno con el que os  escucho siempre.

Mi agradecimiento por todo el bien que hacéis a los hermanos.

Mi sed insaciable de hacer el bien, de perdonar, de salvar, de hacer felices a los hombres y mujeres  de hoy.

 

Antonio Cabrera

A %d blogueros les gusta esto: