Schoenstatt para la Iglesia

UN NUEVO  CURSO

Como cada mes de septiembre, decimos adiós a las vacaciones y nos preparamos para el comienzo de un nuevo curso. Atrás quedan los baños en la playa y en las piscinas, las fiestas  de los pueblos, los viajes en familia y todas  aquellas cosas  que nos ayudan a relajarnos y olvidarnos  de la rutina.

Recuperamos el ritmo ordinario que nos acompañará  a lo largo del curso. Los niños y jóvenes vuelven al colegio y adquieren poco  apoco el ritmo adecuado que les facilite el aprendizaje a todos los niveles. Y ellos arrastran  a toda la familia que están envueltos en acompañar esta tarea de desarrollo y crecimiento.

Este es un mes de empezar  de nuevo, cargado de nuevas ilusiones y de expectativas ante lo que nos va  a deparar el nuevo curso. El nuevo curso se empieza con ilusión pero también con la inquietud de la novedad, la inseguridad ante los nuevos retos que nos van a llegar, el esfuerzo para afrontar los proyectos, los encuentros, el día a día.

Pero sobre todo es comenzar de nuevo las relaciones  con las personas, los amigos, la familia. Porque en el fondo lo más importante en nuestra vida, aquello que más valoramos son las personas con las que nos relacionamos.

Mirar agradecidos por la labor realizada por quienes han dedicado y dedican tiempo, ilusión y sacrificio a favor de  los hermanos, especialmente de los más necesitados.

Reflexionar para descubrir qué hacer y cómo hacerlo, pues cada uno, según sus circunstancias, puede aportar su grano de arena, todos debemos sentirnos colaboradores. Tenemos que darnos cuenta de que normalmente podemos más de lo que creemos, porque contamos con la  ayuda de los demás y la fuerza que nos da el Espíritu del Señor.

La vida de cada persona es un regalo del cielo. La vida de cada persona merece el máximo respeto. No importa la edad, sólo importa como persona. Cada detalle, cada gesto, cada caricia, cada sonrisa, cada vez que se da la mano, cada vez que se llega a tiempo a la vida de los demás, se dignifica la persona.

En este nuevo curso vamos  a celebrar el “Año del Padre Kentenich”, en el que estamos llamados a poner  a nuestro Fundador en el centro, su pensamiento y su mensaje, su biografía tan rica y fascinante, las propuestas  que dio a los  desafíos de la Iglesia y del mundo y que hoy quiere dar aún a través  de nosotros. Este año nos da la oportunidad de profundizar  el vínculo con nuestro Padre Fundador, para que su carisma reviva nuevamente en nosotros, invitemos a muchas personas a conocer  o a redescubrir al P. José Kentenich como profeta  de nuestro tiempo.

Creemos  que a través  de él, Dios ha querido dar una respuesta a los desafíos de nuestro tiempo. Como familia  de Schoenstatt hemos de asumir esta respuesta en nosotros mismos y  entregársela como un servicio a la Iglesia y al mundo. Hemos de ser prolongadores del carisma de nuestro Padre. Las palabras “Dilexit Ecclesiam” -Amó a la Iglesia- grabadas en su tumba expresan claramente la gran preocupación de su vida: regalarle a la Iglesia un Movimiento de renovación mundial.

Para esta misión contamos con la  ayuda y protección de nuestra Madre y Reina, la Santísima Virgen, a la que nos encomendamos en este nuevo curso.

 

 

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