Schoenstatt para la Iglesia

HMM
A lo largo de este curso hemos ido profundizando en los pilares de nuestro Schoenstatt. En este mes de junio queremos profundizar en la conciencia de misión de la que tanto nos ha hablado el P. Kentenich de la mano de la Hermana Mónica María.  De esta forma crecemos en nuestra conciencia de misión hacia el mundo, hacia nuestra Iglesia diocesana. María nos ha regalado mucho desde el Santuario y nos envía a entregarlo.

 

Conciencia de misión

El que tiene una misión, ha de cumplirla

A lo largo del curso hemos ido profundizando cada mes en alguna de las fuentes de nuestra espiritualidad schoenstattiana: Filialidad, Santidad de la vida diaria, Piedad Instrumental, Fe práctica de la Divina Providencia, Piedad mariana…

Ahora, en este tiempo de verano os quiero invitar a reflexionar sobre la “Conciencia de Misión”…

De todas las fuentes schoenstatteanas anteriormente nombradas, quizás ésta sea la que más nos evoca el “¡Schoenstatt en Salida!” Imposible no traer a la memoria las palabras de nuestro Padre y Fundador en aquel memorable 31 de Mayo de 1949: “¡Quien tiene una misión, ha de cumplirla!”.

Y en la Segunda Acta de Fundación nos dice: “Cuán necesario es acentuar la conciencia sobrenatural de misión y de instrumento, lo saben todos aquellos que conocen más de cerca el plan de redención y la situación del tiempo actual. Siempre ha sido una ley evidente que sólo aquellas personas y comunidades a quienes Dios ha dado una vocación y misión especial, pueden intervenir decisivamente en el Reino de Dios. (…) Aquel que en tales difíciles tiempos no posee la inconmovible convicción de estar investido de una misión divina especial y por lo tanto, de contar con fuerzas divinas, está condenado de antemano a la infecundidad y por ende, al fracaso final. Solamente el que estuviere provisto de una confianza inquebrantable en esta fuerza y misión divinas, podrá aventurarse en el agitado y tempestuoso océano de la vida”.

Estamos viviendo tiempos decisivos, constatamos cómo en medio de este agitado y tempestuoso océano de la vida Schoenstatt tiene una respuesta, una solución, una medio para sanar tantas heridas… Nosotros mismos hemos experimentado esa respuesta en nuestras vidas, para nosotros es una realidad. ¡No importa si llevo muchos o pocos años en Schoenstatt! Todos los que hemos sellado la Alianza de Amor con la Mater somos testigos de las bendiciones y gracias que recibimos en el Santuario.

Es en este mismo lugar donde podemos implorar aún con más fervor la gracia de aumentar nuestra conciencia sobrenatural de misión, ¡sólo así podremos intervenir decisivamente en el Reino de Dios!

¡El tesoro que poseemos estamos llamados a entregarlo sin medida! Esta es nuestra misión, ¡somos enviados a llevar y regalar el Misterio de nuestra Alianza! Han sido Dios y la Mater quienes nos han escogido, por eso, tengo que contar con Su fuerza no sólo con la mía.

Si sólo confío en mí, podré sentirme muchas veces abatido, cansado, desesperanzado ante la inmensidad de lo que hoy hay que cambiar, conquistar; ante la realidad de tantas personas que -por diversos motivos- construyen un cultura no sólo sin Dios, sino que contra Él… pero si, como San Pablo, soy capaz de decir: “cuando soy débil entonces soy fuerte” (2 Cor. 12,10) entonces puedo estar seguro de la victoria, porque la Misión la he recibido como un regalo de manos del mismo Dios.

Para ayudarnos en nuestra reflexión nos podríamos preguntar: ¿a cuántas personas hemos llevado al Santuario? ¿A cuántas personas les hemos hablado de la Alianza de Amor? ¿En cuántos corazones hemos despertado el verdadero amor a la Mater?

¡El fuego de Schoenstatt que Dios y la Mater han encendido en nuestros corazones nos guiará hacia la victoria! Y “(…) se hará inquebrantable, hasta poder decir con profunda convicción: ‘Si Dios está con nosotros, ¿quién podrá estar contra nosotros?’, ‘¡Todo lo puedo en Aquél que me conforta!’. Experimentamos la verdad de aquellas palabras de San Agustín: “Aquél que ama la faz del Omnipotente, no teme la faz de los poderosos de este mundo”.” (P.K, Segunda Acta de Fundación)

Les deseo a todos un bendecido verano misionero… nuestra Misión es permanente, no conoce vacaciones.

Hna. Mónica María

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