Schoenstatt para la Iglesia

Archivo para 28/05/2016

Ocho alegrías de la “Amoris Laetitia”

Este Papa sabe de familia, sabe de amor y desamor, de empeños y dificultades

Fernando Díaz Abajo muestra en un artículo en la revista Noticias Obreras las ocho alegrías que trae, en su opinión la Encíclica “Amoris Leatitia” (publicado en Aleteia)

amorislaetitia_franciscusPrimera alegría: El lenguaje. No recuerdo ningún documento del magisterio que utilice un lenguaje tan sencillo cercano, humano y asequible al abordar temas como la sexualidad (AL 74, 80, 150-157), el amor (capítulo cuarto, es precioso el comentario sobre 1Co 13,4-7 que lo recorre), los hijos (capítulo quinto), la educación de los hijos (AL 80-85 y todo el capítulo séptimo), la educación sexual (AL 280-286), la afectación de la vida familiar por la transformación operada en el trabajo (AL 25. 33), la pastoral de las situaciones complejas y difíciles que pueden vivirse en la vida matrimonial y familiar (AL 238-252), incluso las situaciones de enfermedad o vejez (AL 191-192), la inclusión de la muerte en el horizonte vital (AL 253-258), o la misma pastoral familiar, con una naturalidad, profundidad y de forma tan directa como lo hace Francisco en esta exhortación. No hay mucho resquicio para dudar de lo que dice. Otra cosa será querer entenderlo. Este Papa sabe de familia, sabe de amor y desamor, de empeños y dificultades, se sabe hijo y hermano, se sabe amado y vocacionado al amor.

Segunda alegría: Mea culpa. Cuando en la Iglesia se abordaba la llamada pastoral familiar (y de la vida) se quedaba reducida a posicionarse contra el aborto –algo que se debería dar por supuesto en la Iglesia, sin necesidad de insistir siempre en ello– y a organizar cursillos prematrimoniales y presacramentales de escasa rentabilidad pastoral, y causa de no pocas frustraciones. La exhortación reconoce que no lo hemos hecho bien y manifiesta la necesidad de recomponer todo este campo de trabajo desde otras claves (AL 36-38), desde la humildad y el realismo. ¿No hemos convertido en algo amargo lo más hermoso de la vida? (AL 147) Parece siempre buen comienzo empezar reconociendo los errores.

RV14758_ArticoloTercera alegría: El proyecto del Reino. Cuando en la Iglesia hemos abordado en muchas otras ocasiones el tema del amor, del matrimonio, de la familia, de la sexualidad… ha sido sin un acento propositivo, y como cuestiones morales (en el peor sentido del término) desgajadas del kerigma. Como si fueran cuestiones que no tuvieran nada que ver con las Bienaventuranzas, con el Reino de Dios, con la experiencia y la vida de Jesús de Nazaret. El Papa afronta estos temas dentro del necesario encaje de todo en la fe, entendida como ese vivir como Jesucristo que hemos de ir construyendo cada día de nuestra existencia, y sin cuya referencia todo se reduce a estériles normas jurídicas. Y aquí, entonces sí, todo cobra un nuevo sentido (AL 59, y todo el capítulo tercero).

Cuarta alegría (aunque esta esperada): La misericordia(AL 49, 78, 79 y especialmente el capítulo octavo). No podía ser de otro modo. Toda la presentación que se hace de los temas de la exhortación se enmarca en el lenguaje entrañable de la misericordia y en la actitud misericordiosa como eje compasivo de la acción de la Iglesia con los matrimonios, las familias y, de modo especial, con las situaciones complejas o difíciles que han de abordarse en la pastoral cotidiana en el ámbito de la sexualidad, el matrimonio y la familia. No es un texto de teoría sobre la misericordia, sino sobre todo un cúmulo de actitudes y de propuestas pastorales desde la clave de la misericordia, que han de ser concretadas, desde la realidad más cercana y siempre en clave de procesos de acompañamiento.

Quinta alegría: ¡Qué importante es el trabajo! Ha sido, de verdad una alegría comprobar que el Papa recoge la experiencia y el sentido de la centralidad del trabajo humano para la vida de las personas y las familias (AL 23-25, 40, 44). Algo que la Pastoral Obrera viene constatando desde hace mucho tiempo, empieza a adquirir carta de naturaleza en el Evangelio de la familia que estamos llamados a anunciar. Lo que pasa con el trabajo humano es esencial a la hora de plantear una pastoral familiar, porque afecta inexcusablemente a la realización digna y posible de cualquier proyecto personal y familiar. También para quienes queremos plantear nuestro proyecto familiar en clave cristiana es importante considerar cómo afecta el trabajo –o su precariedad, o su ausencia– a multitud de dimensiones de la vida matrimonial y familiar. La exhortación ayuda a tomar conciencia de que este aspecto es fundamental tomarlo en consideración en una correcta pastoral familiar (AL 201, 252).

1460102623_346218_1460119185_noticia_fotogramaSexta alegría (y para mí la más novedosa): La espiritualidad de la familia (AL 29). La propuesta de una espiritualidad de la familia como la que se hace, recoge dimensiones hasta ahora olvidadas en el discurso, pero imprescindibles si se quiere de verdad conformar un proyecto familiar que sea Iglesia doméstica, al incorporar las necesarias dimensiones de la apertura familiar a los pobres, de comunión, de gratuidad (Al 183) y una vida familiar construida desde la fe, como llamada a vivir la comunión. Una espiritualidad de la comunión sobrenatural, de la oración, del amor exclusivo y libre, del cuidado, del consuelo y del estímulo.

Séptima alegría: El tratamiento que hace del feminismo (AL 54-56). La necesidad de reivindicar el papel de la mujer, la necesidad de caminar hacia el reconocimiento de su dignidad en todos los ámbitos, junto a la propositiva manera de plantear la maternidad (AL 173-175). La necesidad, incluso, de la presencia de la mujer –junto a laicos y familias– en la formación humana de los seminaristas (AL 203).

Y, octava, (a modo de coda): La conversión pastoral. Que, bien entendida, empieza por uno mismo. Recorre toda la exhortación una necesaria conversión, que pasa por el reconocimiento de que no hemos sabido hacer pastoral familiar, de que hemos dejado cuestiones muy importantes de la pastoral familiar fuera de ella, y que querer hacer buena pastoral familiar requiere recuperarlas con misericordia, y adoptar una manera misionera de realizarla (AL 230).

Incluso los célibes y los solteros encontramos en sus páginas algo dirigido especialmente a nosotros, por nuestras opciones, y por nuestra condición de hijos (AL 187-188) y hermanos (AL 194-195).

Puede leerse el artículo completo en la página web de la HOAC y la Revista “Noticias Obreras”

Corpus Christi

CORPUS CHRISTI. HAMBRE DE DIOS, HAMBRE DE HERMANO.

Y esto lo ha entendido muy bien la Iglesia al presentarnos con la fiesta del Corpus Christi en la cual adoramos a Jesús en la Eucaristía, nos presenta también a los pobres e indigentes, en el día de Cáritas.

Volvemos a la procesión de la vida, por la que procesiona Dios frecuentando nuestras calles y plazas. Un Dios encarnado que se hace compañía de nuestra soledad, Pan de nuestras hambres y gesto vivo del amor que empieza en Dios, abraza al hermano, para volver a Dios.

Hasta en los pueblos más humildes donde se celebra la procesión del Corpus, se engalanan balcones, se esparcen tomillos por las calles, porque el que viene es bendito, santo, Dios.

20160430101249_8770corpusJesús es el Pan de Vida, y así se presenta, como pan bajado del cielo, pero con tal cualidad que a diferencia del maná que también bajó del cielo, el que Jesús ofrece no vale para quitar el hambre fugaz y momentánea, sino el hambre más honda: la del corazón. Jesús viene como el pan definitivo que el Padre envía, para saciar el hambre más profunda y decisiva: el hambre de vivir y de ser feliz.

Pero seguir a Jesús, nutrirse de Él, no significa desatender y abandonar a los demás. Torpe coartada sería ésa de no amar a los prójimos porque estamos “ocupados” en amar a Dios. Jamás los verdaderos cristianos y nunca los auténticos discípulos que han sacudido las hambres de su corazón en el Pan de Jesús, se han desentendido de las otras hambres de sus hermanos los hombres. Comulgar a Jesús no es posible sin comulgar también a los hermanos. No son la misma comunión, pero son inseparables.

Y esto lo ha entendido muy bien la Iglesia cuando al presentarnos la fiesta del Corpus Christi en la cual adoramos a Jesús en la Eucaristía, nos presenta también a los pobres e indigentes, en el día de Cáritas. Difícil es comulgar a Jesús, ignorando la comunión con los hombres. Difícil es saciar el hambre de nuestro corazón en su Pan vivo, sin atender el hambre de los hermanos: tantas hambres en tantos hermanos.

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