Schoenstatt para la Iglesia

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Al igual que la higuera, tengo que dar frutos, tengo que amar a los que tengo a mi alrededor en el día a día.

Necesitamos la conversión. Jesús nos espera siempre.

Descalcemonos y sintamos la arena bajo nuestros pies. La conversión es como quitarse esas sandalias y empezar a tocar la vida con el corazón.

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