Schoenstatt para la Iglesia

EL BRILLO QUE NO CESA

Con motivo del jubileo, hace una semanas, a mitades de agosto, un grupo de la familia catalana de Schoenstatt peregrinamos al origen junto con dos sacerdotes diocesanos.
DSC06123~2Para algunos esta era nuestra primera peregrinación a Schoenstatt Para otros, aunque era una experiencia ya vivida, sin duda esta vez tomaba un matiz distinto.
La ilusión podía leerse claramente en la mirada de todos, en las sonrisas, en los gestos, en los silencios,….El día de la llegada, aunque la mayoría estábamos algo fatigados por el largo viaje en coche, el cansancio físico no nos restó ni un ápice de entusiasmo. Desde el Santuario original, las manos de la Mater parecían acariciarnos más de cerca que nunca.
Fueron unos días impecablemente organizados, de muchas actividades, descubrimientos y reencuentros. Trasladados por el carisma de todas y cada una de las hermanas, acompañados por su dulzura, sus relatos apasionantes, sus miradas trasparentes, sus sonrisas contagiosas, nos pareció retroceder en la historia y nos vimos cogidos de la mano del Padre Kentenich, viviendo a su lado cada uno de sus hitos.
DSC05696Fueron días de intensas vivencias: el alborozo a nuestra llegada, la diversión en los juegos compartidos, la profunda alegría en la primera visita al Santuario original, la paz reencontrada durante la oración en la tumba del Padre, el sobrecogimiento y profundo respeto al seguir el relato de todos y cada uno de los testimonios, la ternura al descubrir las manos enlazadas de la Virgen y San José en el Santuario de las familias, la belleza de las Alianzas de amor de Macarena e Inaki y de Ana y Javi, la confianza en el encuentro de valoración, la añoranza anticipada en el momento de la despedida, el calor y la amistad compartida entre todos nosotros, mayores, jóvenes y pequeños, la emoción al descubrir, ya a nuestro regreso, que nada en nuestro interior seguirá siendo igual que antes.
???????????????????????????????Y es que Schoenstat es esto, es así. Es este Amor que se puede sentir en silencio, en lo más hondo del alma, pero que también podemos compartir; es esta capacidad de transformarlo todo en paz y alegría; es este respeto por los demás, la aceptación del otro, amándolo con todas sus virtudes y todos sus fallos, sin juzgar, tendiendo simplemente la mano; es este saberse querido y aceptado.
Gracias, Señor, por la luz que pusiste en el Padre Kentenich, ahora hace 100 años, por la fuerza y el coraje que le diste, por toda su obra, por dejar que el brillo, el calor y la vida de esta luz irradie sobre todos los que formamos la gran familia de Schoenstatt. Un brillo que no pasa, que perdura, que crece, que se intensifica, que nos acompaña, nos ilumina en los momentos de oscuridad, nos mece, nos robustece, nos da la fuerza para seguir cada dia luchando para ser mejores personas y mejores cristianos.
Mariona Cañisá
Girona, 4 de septiembre de 2014

Nube de etiquetas

A %d blogueros les gusta esto: