Schoenstatt para la Iglesia

LOS   CIRIOS

Las abejas hilaron la ceraFotografía

y manos de hombre

amasaron con ella estos cirios

hechos de flores y polen,

de verdor de bosques y tréboles,

de trigales ondulantes

y almendros que revientan

sobre los montes.

Cirios para consumirse

ardiendo como una oblación

primitiva y prehistórica

de carneros,

cereales

y becerros.

Cirios para alumbrar

las caminatas de Cristo

hacia los hombres,

y para acompañar en el tabernáculo,

cuando no hay nadie

a Jesús hecho pan de itinerantes.

Estos cirios adoran

por todos nosotros

y, como ellos,

quisiéramos que casa y calle,

teléfonos y oficios,

sosiegos y clases

vitrinas y barriales

fueran alabanza por los siglos

a Cristo Vivo y Vencedor.

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