Schoenstatt para la Iglesia

CRUZ DE LA UNIDAD

Madre, bajo tu imagen veo la CRUZ DE LA UNIDAD. Ahí estás como mujer fuerte junto a tu Hijo. Ambos estáis compartiendo esa hora de dolor. ¡Qué clara es tu imagen de mujer! Eres la que acompaña, la que colabora, la que se entrega junto al que ama. Allí eres toda entrega, plenamente olvidada de ti misma. Al mirar esa cruz no puedo dejar de recordar aquella hora en que Jesús dijo al apóstol Juan “¡he ahí a tu Madre!” y a ti, “¡he ahí a tu hijo!”. Desde esa hora la Iglesia te sabe su Madre.

Ahí Jesús te regaló como la herencia más preciosa. Ésa es la herencia que el Padre José Kentenich tomó tan en serio… Madre, cuando sufra, enséñame a no dejarme abatir, sino que reconozca la voluntad del Padre y una mi dolor al del Señor crucificado.

Madre, hoy, Jesús sigue sufriendo en todos mis hermanos que sufren, en mi familia, en mis vecinos, en los más pobres, ¡en tantas personas!…

Yo quisiera ser como tú y estar junto a este Cristo crucificado hoy. Edúcame a tener esa solidaridad tan grande como la que veo en ti.

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