Schoenstatt para la Iglesia

LA    FAMILIA    Y    EL   31   DE   MAYO

Miremos brevemente a la propia familia. En primer lugar, mi cónyuge, es la causa segunda ineludible a través de la cual Dios quiere que le ame a Él. El amor a mi cónyuge, el respeto a mi cónyuge, la admiración, la entrega a mi cónyuge es la medida del amor, del respeto, de la admiración a Dios y de nuestra entrega a Dios. Dios me regala rasgos de su amor a través de mi cónyuge. El amor de mi mujer por mí, así como yo soy, es lo que me ha hecho creer en el amor de Dios por mí.

Pensemos también en la importancia del hogar para  que el encuentro con Dios sea algo vital, permanente y natural. Primero tenemos que pensar en el lugar físico, en la casa….cuán importante es ésta para el arraigo en el mundo sobrenatural. Y esto para todos y cada uno de los miembros de la familia. Por ej. mi o nuestra habitación…, mis cosas, aquello que a mí me expresa….o que nos expresa, mi rincón no en un sentido egoísta, sino en un sentido de arraigo. Desde este punto de vista los cambios frecuentes de casa no ayudan nada, al contrario.

Pero la casa no es todo. Respecto al hogar nuestro Padre dice: donde hay amor hay hogar, donde está el padre, la madre los hermanos allí hay hogar.

Si alguien le preguntara a alguno de vuestros hijos a quien amas más tú a tus padres o a Dios, pone al hijo en un conflicto y en un conflicto absurdo, porque lógicamente siente mucho más cariño por sus padres que por Dios. Y en el mandamiento dice ”amar a Dios sobre todas las cosas”. Pero aquí no hay contradicción alguna, porque el amor que el hijo le tiene  a sus padres, es expresión, camino y seguro del amor de Dios. Amando a sus padres está amando a Dios. Y los padres amando a sus hijos están haciendo experimentar, sensible el amor de Dios. Dios no quiere que exista una escisión entre el vínculo natural querido por Dios y el sobrenatural. (Que importante es la autoeducación para que como padres seamos lo más transparente posible del amor de Dios).

En la familia de cada uno hay también determinados principios, criterios, valores para enfrentar la vida, tenemos también una historia en común, hay costumbres familiares que expresan nuestra intimidad y originalidad familiar, nuestra religiosidad. Posiblemente tenemos también un ideal matrimonial y un Santuario hogar.

Como vemos se trata de toda una red de vinculaciones a personas, a ideas, a lugares, el organismo de vinculaciones más importante, porque la familia propiamente es donde se acuñan las vivencias más básicas de un niño, sobre todo en su primera infancia y que determinan su imagen de Dios.

En general el hombre de ahora no tiene asideros ni en personas, ni en ideas, ni en lugares. Tras la angustia, la agresividad, tras rumbos caóticos hay una carencia fundamental, un terruño donde la persona pueda desarrollarse sanamente y vincularse a Dios.

Para terminar podemos decir: la relación del hombre con Dios es una pregunta clave que el hombre de hoy debe resolver en su vida. Hoy en nuestro mundo actual, estamos llamados a vivir en una íntima y permanente vinculación con Dios. El cultivo del organismo de vinculaciones, tal como nos lo propone nuestro Padre Fundador apunta a salvar y fortalecer la experiencia de Dios, a que lo amemos con todas las fibras de nuestro ser, con todo el corazón. Estén es nuestro don para la Iglesia

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