Schoenstatt para la Iglesia

EL   31   DE   MAYO

El 31 de Mayo de 1.949 nuestro Padre Fundador entrega a la familia de Schoenstatt una misión de alcance universal, que toma su nombre de esta fecha. Esta misión es la lucha por superar el pensar y vivir mecanicista o dicho de otro modo, la cruzada por el pensar, vivir y amar orgánicos. Toda la familia de Schoenstatt está llamada a responsabilizarse por esta misión.

Esta misión debe llevarnos a un cultivo esmerado de todas las vinculaciones tanto naturales como sobrenaturales.

El 31 de mayo es la santidad por la vida diaria.

Quien me ha visto amar a Dios descubriéndolo en la vida, quien ve mi felicidad dentro del matrimonio, nuestra entrega a los demás, quien me ha visto sacrificarme y rezar, quien me ha visto sufrir, quien me conoce en la intimidad, ése ya sabe en qué consiste la cruzada por el amar, pensar y vivir orgánico.

“El que me ha visto a mí ha visto a María, ha visto a Dios en mi vida y por lo tanto ha visto el 31 de Mayo, en esto consiste vivir vinculado armónicamente al mundo sobrenatural y al mundo que me rodea.

La misión del 31 de Mayo es imprescindible para el mundo de hoy de este Tercer Milenio. Pero sobre todo es importante su aplicación a la vida diaria.

La mejor manera de proclamar esta cruzada es por lo tanto viviéndola, encarnándola, haciéndola carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Es la mejor manera de entender y por lo tanto de transmitirla.

Schoenstatt no es simplemente un movimiento “piadoso” o “religioso” lo es, pero marcado por una religiosidad con una proyección clara para la transformación del mundo, nuestros ideales deben encarnarse en costumbres, en forma de vida concreta, con el ejemplo, con un estilo de vida en el que la sociedad se impregne de los valores del Evangelio, pues si queremos ser fieles a nuestra Alianza, a nuestra misión, debemos tomar conciencia de la importancia que tiene su concreción en un estilo de vida diferente al que nos impone la sociedad desmarcada de los valores del Evangelio.

Nuestro Padre Fundador lo que pretende es la renovación mariana del mundo en Cristo. La transformación básica es la del mundo interior de cada uno pero sin olvidarnos del resto. En este “Tercer Milenio” debemos acelerar nuestro esfuerzo para la autosantificación y paralelamente gestar, crear un nuevo estilo de vida orgánico en la sociedad española. Siempre nos estamos disculpando con nuestras limitaciones, ¿a qué tememos?, tenemos a María como Aliada.

Debemos acelerar nuestro esfuerzo por la santidad, nuestra vinculación al Santuario, nuestro capital de gracias. En la medida que recibamos las gracias del Santuario, en la medida que vivamos nuestra Alianza y nuestro capital de gracias y con la motivación de ser portadores de una gran misión, podemos realmente plasmarla en forma concreta.

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