Schoenstatt para la Iglesia

Resumen homilía P. Fernando

Elena Sanjuan

Pozuelo, 6 de mayo de 2012 – Quinto domingo de Pascua – Evangelio (Jn. 15, 1-8)

El P. Fernando Baeza  comienza diciendo en su homilía:

Mis queridos hermanos,  en este domingo en que la Iglesia nos recuerda que el Señor es el que verdaderamente nos sostiene, nos cuida y nos ayuda  y que  El es la vid y nosotros los sarmientos, celebramos  el Día de la Madre.

Cuando pensamos en nuestra madre lo hacemos con gratitud, con alegría, porque el amor de una madre es incondicional como el amor de Dios. El amor de una madre sana, es el instrumento de satisfacción para todos los que la rodean;  la labor de una madre tiene que ver con la labor de un puente porque une las dos orillas (la tierra con el cielo).

Por eso ser madre no es fácil,  porque está tironeada por muchos lados y nos damos cuenta, sobre todo en la adolescencia, que es  contra la que más se carga porque está en el hogar. Pero para poder ser una auténtica madre tenemos que estar anclados en el corazón de Dios y sentirnos profundamente amados por el Señor. Por eso, el Señor nos dice que nos amemos los unos a los otros como Él nos amó, para que un día podamos juntos alabar y glorificar a Dios en el Cielo.

Queremos ayudar a nuestra Madre del Cielo, a abrir las puertas a las personas que nos rodean y entregarles nuestro amor y. Ella, nos quiere ayudar para que seamos todo para los demás,  y dar fuerzas en los momentos de desencanto diciendo:” no tengáis miedo a dar la vida por vuestros hijos”. Nos quiere ayudar a esforzarnos para poder unir el cielo con la tierra y nos dice: El sarmiento no puede estar separado de la vid (Cristo y María),  Ellos son la fuente, para que cuando tengamos sed, podamos beber del  agua viva y regalarnos su Espíritu; ese Espíritu que nos anima día a día a  poder levantarnos de nuevo.

Queremos decir al Señor que deseamos permanecer en su amor de Padre y acercarnos más al corazón de María para poder unirnos al corazón de Dios.

Debemos agradecer  por tantas personas que nos han dado la mano y han sido un transparente de Dios; gratitud por nuestros padres, hermanos, abuelos… Siempre he pensado que cuando lleguemos al Cielo nuestro corazón va a ser un compendio de muchas personas que nos han marcado y nos han mostrado el rostro de Dios en nuestras vidas.

Pedimos el don y la gracia de poder seguir regalando amor, paz y alegría como lo han hecho nuestras madres.

Así sea.

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